Por: Hermes Varillas Labrador

Quién que haya asistido a una corrida de toros, no ha expresado al unísono y a voz en cuello la popular forma de aupar al torero: El clásico ¡Olé!. Vocablo que no tiene, etimológicamente hablando, explicación alguna, como dice una conocida canción española; genuina forma de aclamar y reconocer el arte del lidiador en la suerte de la muleta, en ese último tercio, mientras mayor arrojo y entrega se demuestre, mayor emoción en la multitud de espectadores en el aforo de la plaza y máxime si se está premiando al torero con un pasodoble para amenizar la faena.

Las corridas de toros son una tradición que data de las culturas helénica y romana, es por antonomasia una herencia de los pueblos latinos que aún persiste con mucho arraigo en países como: España, Francia, Portugal, México, Colombia, Perú, Bolivia y por supuesto, Venezuela no podía quedar fuera de la lista.

De las corridas de toros se conocen detalles muy positivos tales como: La cría de los toros de lidia descendientes de los antiguos uros europeos que podían campar a sus anchas por toda Europa, es hoy día una actividad muy singular, al cornúpeta se le alimenta con un cuidado preferencial no comparable con otra especie animal. A esto se puede agregar que, de las corridas de toros son muchas las familias enteras que obtienen sus ingresos para su economía de hogar, desde los encargados del cuidado en las haciendas y ganaderías, empleados y dueños de las empresas taurinas, toreros, banderilleros, picadortes, ayudantes, hasta los que se encargan del arrastre después de muerto el animal. Y buscar más argumentos para debatir a los más acérrimos detractores de esta tradición (verbigracia Sociedad Protectora de Animales), es cuestión de ingenio. Sin embargo, existen verdades que no se conocen por razones más que obvias, a saber de:

* 24 Horas antes de entrar en la arena, el toro ha sido sometido a un encierro a oscuras para que al soltarlo, la luz y los gritos de los espectadores lo aterren y trate de huir saltando las barreras, lo que produce la imagen en el público de que el toro es feroz, pero la condición natural del toro es huir, NO atacar.

* También se le han recortado los cuernos para proteger al torero

* Le colgaron sacos de arena en el cuello durante horas.

* Lo golpearon en los testículos y los riñones

* Le indujeron diarrea al poner sulfatos en el agua que bebió

* Se le ha untado grasa en los ojos para dificultar su visión y en las patas se le puso una sustancia que le produce ardor y le impide mantenerse quieto, así el torero no desluce su actuación.

Todo lo anterior es con el fin de que llegue débil al ruedo y en completo desorden, que son verdades que el público no puede presenciar, amén de los tres tercios donde se nota claramente la suerte de la pica, las banderillas y la estocada final. Les invito a quienes utilizan INTERNET, visitar en la siguiente dirección: http://animalistas.com/Downloads/barbarie.pps#256,1,MATAR POR DIVERSION, un documento pormenorizado sobre otros detalles que desconoce la afición a la tauromaquia, quien es la que sostiene esta empresa de tanto abolengo y tradición, pero también de tanto encubrimiento y engaño.

<<La conmiseración con los animales está íntimamente unida con la bondad de carácter, de tal manera que se puede afirmar de seguro, que quien es cruel con los animales no puede ser buena persona>>. –Arthur Schopenhauer